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Archive for 26 agosto 2008


Leibniz pretendía realizar el ideal del sabio: Unir lo lógico y lo óntico, definiendo el saber humano como un saber de principios y por principios, porque los principios son los únicos enlaces entre lo pensable y lo existente, entre lo lógico y lo real; siendo el entendimiento la sede de esos principios, llegar a la verdad no es imposible. El punto de vista del hombre, como sujeto de conocimiento, no está limitado por la percepción sensible, sino abierto al infinito por la condición del pensamiento que transciende el orden de los fenómenos.

Por los principios el entendimiento obtendrá hipótesis y teorías para explicar los fenómenos y así, no sólo serán verificados por la experiencia, sino probadas a priori y con necesidad por una relación más profunda, es decir, Leibniz subordina la experiencia al entendimiento, afirmando que el ideal del sabio está por encima del ideal científico.

En el entendimiento no debe haber elementos irracionales: Toda verdad de hecho debe ser reducida a verdad de razón. Esta es la peculiaridad del racionalismo de Leibniz: El saber humano no puede reducirse a los fenómenos, sino llegar al conocimiento de la realidad que se oculta tras ellos. El mundo sensible no es utilizado para explicarlo sino que es explicado para utilizarlo. El correcto procedimiento es el siguiente: Se verifican “a posteriori” las teorías construidas a priori sobre la realidad.

El fin de la investigación del hombre sobre el mundo resulta que no está en el mismo mundo sino en el hombre que lo piensa y lo conoce.

De entre todas las ciencias, la verdadera filosofía es sabiduría, “que consiste en un perfecto conocimiento de los principios de todas las ciencias y del arte de aplicarlos”, es la ciencia de la felicidad, el estudio de la sabiduría.

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Gottfried Wilhelm Leibniz (1646 – 1716) nacido en Alemania fue un gran conocedor de la filosofía ya que su padre también lo era y le inculco la filosofía desde pequeño. Leibniz un sabio Hombre comenzó con su interés hacia la filosofía a temprana edad a los 12 años aproximadamente, con el tiempo se convirtió en un gran y conocido filosofo, publicaron sus mas importantes obras filosóficas. Además de esto Leibniz fue conocido también como un matemático, ya que hizo grandes aportes al cálculo, estudio matemáticas, se puede reflejar la inteligencia de aquel hombre al inventar un aparato que divide, multiplica y extrae las  raíces cuadradas, Introdujo la notación actual utilizada en el cálculo diferencial e integral y en la física este extraordinario hombre manifestó su interés y defendió una física acerca la energía que produce el movimiento, se caracterizo por ser un ilustrado matemático si no que también se dedico a la biología ya que estudio medicina en la universidad donde no pudo sacar su titulo por la poca edad que tenia Leibniz. No tan solo Leibniz se dedico al área científica si no que a la humanista también ya dicho anterioridad que no es menos recalcar Leibniz fue un reconocido filosofo, estudio derecho, fue un gran historiador  de la casa ducal en aquella época, fue un bibliotecario en París, en aquel lugar fueron publicados sus obras mas importantes en la historia y la filosofía. Nos podemos dar cuenta de lo inteligente que era este hombre, y cuales fueron sus grandes aportes, vemos como desarrollo sus conocimientos en las diversas áreas, y la capacidad que tenia este ya que no cualquier persona puede ser como el, necesita de su apasionamiento y conocimiento que tiene este y como la curiosidad de resolver ciertas inquietudes se apodera de el, como Leibniz aplica sus conocimientos para resolver cualquier problema que se le presenta, ya que el vivió en una época de ilustración donde se produjeron grandes descubrimientos y invenciones, un lapso memorable para la historia universal y la ciencia.

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(Leipzig, actual Alemania, 1646-Hannover, id., 1716) Filósofo y matemático alemán. Su padre, profesor de filosofía moral en la Universidad de Leipzig, falleció cuando Leibniz contaba seis años. Capaz de escribir poemas en latín a los ocho años, a los doce empezó a interesarse por la lógica aristotélica a través del estudio de la filosofía escolástica.

En 1661 ingresó en la universidad de su ciudad natal para estudiar leyes, y dos años después se trasladó a la Universidad de Jena, donde estudió matemáticas con E. Weigel. En 1666, la Universidad de Leipzig rechazó, a causa de su juventud, concederle el título de doctor, que Leibniz obtuvo sin embargo en Altdorf; tras rechazar el ofrecimiento que allí se le hizo de una cátedra, en 1667 entró al servicio del arzobispo elector de Maguncia como diplomático, y en los años siguientes desplegó una intensa actividad en los círculos cortesanos y eclesiásticos.

En 1672 fue enviado a París con la misión de disuadir a Luis XIV de su propósito de invadir Alemania; aunque fracasó en la embajada, Leibniz permaneció cinco años en París, donde desarrolló una fecunda labor intelectual. De esta época datan su invención de una máquina de calcular capaz de realizar las operaciones de multiplicación, división y extracción de raíces cuadradas, así como la elaboración de las bases del cálculo infinitesimal.

En 1676 fue nombrado bibliotecario del duque de Hannover, de quien más adelante sería consejero, además de historiador de la casa ducal. A la muerte de Sofía Carlota (1705), la esposa del duque, con quien Leibniz tuvo amistad, su papel como consejero de príncipes empezó a declinar. Dedicó sus últimos años a su tarea de historiador y a la redacción de sus obras filosóficas más importantes, que se publicaron póstumamente.

Representante por excelencia del racionalismo, Leibniz situó el criterio de verdad del conocimiento en su necesidad intríseca y no en su adecuación con la realidad; el modelo de esa necesidad lo proporcionan las verdades analíticas de las matemáticas. Junto a estas verdades de razón, existen las verdades de hecho, que son contingentes y no manifiestan por sí mismas su verdad.

El problema de encontrar un fundamento racional para estas últimas lo resolvió afirmando que su contingencia era consecuencia del carácter finito de la mente humana, incapaz de analizarlas por entero en las infinitas determinaciones de los conceptos que en ellas intervienen, ya que cualquier cosa concreta, al estar relacionada con todas las demás siquiera por ser diferente de ellas, posee un conjunto de propiedades infinito.

Frente a la física cartesiana de la extensión, Leibniz defendió una física de la energía, ya que ésta es la que hace posible el movimiento. Los elementos últimos que componen la realidad son las mónadas, puntos inextensos de naturaleza espiritual, con capacidad de percepción y actividad, que, aun siendo simples, poseen múltiples atributos; cada una de ellas recibe su principio activo y cognoscitivo de Dios, quien en el acto de la creación estableció una armonía entre todas las mónadas. Esta armonía preestablecida se manifiesta en la relación causal entre fenómenos, así como en la concordancia entre el pensamiento racional y las leyes que rigen la naturaleza.

Las contribuciones de Leibniz en el campo del cálculo infinitesimal, efectuadas con independencia de los trabajos de Newton, así como en el ámbito del análisis combinatorio, fueron de enorme valor. Introdujo la notación actualmente utilizada en el cálculo diferencial e integral. Los trabajos que inició en su juventud, la búsqueda de un lenguaje perfecto que reformara toda la ciencia y permitiese convertir la lógica en un cálculo, acabaron por desempeñar un papel decisivo en la fundación de la moderna lógica simbólica.

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