Leibniz es una figura ‘proteica’. Hay muchos Leibniz en Leibniz. Podemos elegir un filósofo, un matemático, un físico, un tecnólogo. Podemos elegir el de la Disputatio, un intelectual joven y fogoso, el de la Protogaea, un geólogo o el del las Novissima Sinica y Consilium Aegyptiacum, un científico de la política, un diplomático, un estadista.
Podemos mirarle como un científico, como un filósofo, como un teólogo. Intelectualmente parece no tener fin. Es casi inabarcable para una formación científica o tecnológica del nivel universitario que posee cualquier persona normal de nuestra sociedad actual, la mas ‘formada’ de la historia de la humanidad. Su espectro de pensamiento es tan amplio, de ideas tan ‘claras’, como él decía, que na-vega por el Álgebra, el Cálculo, la Física, el Lenguaje o la Filosofía siempre con el mismo vendaval en sus velas.
Con esa variedad de pensamiento podría hoy, de la misma forma que practican el chat los jóvenes proteicos de Internet, presentarse o adaptarse a identidades personales e intelectuales diversas, a veces síncronas, a veces asíncronas pero siempre instaladas en el cambio
Leibniz podría aparecer con soltura, aún hoy inusitada, en distintos foros científicos especializados, por ejemplo en teorías de computación, y lidiar controversias de máximo nivel con ventaja extraordinaria sobre cualquier ‘especialista’. Se ve esto en su Characteristica Universalis, en su Monadologia, y sobre todo en su Dissertatio de Arte Combinatoria, que escribió con vente años de edad, incluso su citada Disputatio Metaphysica de Principio Individui que le sirvió para obtener su título de Bacchalaureatus universitario.
El pensamiento de Leibniz, como su personalidad, también es proteico, un espejo de múltiples facetas donde los jóvenes de hoy pueden y deberían mirarse a menudo y zambullirse en profundidad. El pensamiento de Leibniz es música que suena, sobre todo, en latín, un idioma casi desconocido en Internet, pero al que la Red le debe su primera expresión de identidad. Fue en latín la lengua en que Leibniz escribió la idea ‘clara’ del concepto inicial del sistema binario, idea primigenia a la cual Internet y la tecnología digital deben el tributo de su existencia.
Mas que pertinente, el hacer luz intensa hoy, de nuevo, sobre las ideas de Leibniz es necesario, casi imprescindible. No sólo los jóvenes de nuestra época son proteicos. Nuestro siglo XXI va a ser proteico. Nadie como Gottfried Wilhem Leibniz para servir de brújula en una época como la que nos ha tocado vivir. La figura multidimensional de Leibniz no es fácil de digerir para ciertos intelectuales partidarios excluyentes del monocultivo intelectual.
El XXI va a ser un siglo en el que necesitaremos de su transversalidad para poder entender, poder pensar, saber decidir y, luego, poder actuar. Probablemente, sin saberlo, los jóvenes actuales interactúan en Internet, de forma proteica, tal como lo hizo Leibniz en el mundo científico, político e intelectual de su tiempo. Hoy, mas que nunca, es necesario retomar a Leibniz.